COMENTARIO JURÍDICO
Google, Mehta y ciencia ficción
Por Francisca Fantoni
La primera vez que escuché del juez Mehta me imaginé una especie de IA enfocada en resolver conflictos legales, funcionando en marcha blanca en el metaverso hasta perfeccionarse lo suficiente para venir a dejarme sin trabajo (lo que no debería demorar mucho). Pero resulta que Amith Mehta es un juez federal de Estados Unidos, de carne y hueso, que el pasado 5 de agosto emitió una sentencia considerada de las más relevantes en los últimos 20 años en el ámbito antimonopolio y de tecnología digital en dicho país. El tribunal declaró que Google cometió un ilícito anticompetitivo, al mantener ilegalmente una posición monopólica en el mercado de servicios de búsquedas en línea durante años, gracias a sus acuerdos de distribución exclusiva. La decisión aún no se encuentra firme.
Que Google tenga el monopolio en servicios de búsqueda digital no parece tan loco[1]. En definitiva, Google es bueno para encontrar cosas. Lo que sí hace sospechar, es que este gigante tecnológico haya pagado 26 mil millones de dólares a fabricantes de teléfonos y desarrolladores de navegadores para ser el buscador predeterminado en dispositivos. De esa suma, 20 mil millones de dólares fueron a los bolsillos de Apple. Si es tan bueno ¿por qué pagar tanto?
Contratos de distribución exclusiva como estos no son necesariamente anticompetitivos, incluso cuando son celebrados por un agente dominante en el mercado. Además, estos contratos no obligan a los consumidores a realizar sus búsquedas en Google Search, pues los dispositivos dan la posibilidad de cambiar el motor de búsqueda, usualmente de manera bastante fácil. La pregunta clave en este caso es si estos acuerdos generaron efectos anticompetitivos, en particular, si contribuyeron significativamente a mantener el poder monopólico de Google. La respuesta del juez Mehta fue que sí, pues a su juicio los acuerdos (i) impedían la competencia en el mercado relevante; (ii) imposibilitaban que sus rivales alcanzaran la escala necesaria para competir de manera efectiva; y (iii) reducían los incentivos para la inversión e innovación en sus competidores.
Para decidir si Google cometió la infracción, el tribunal tuvo que realizar un análisis retrospectivo, estudiar las acciones pasadas del gigante tecnológico y analizar su impacto en la competencia. Ahora, el juez Mehta se enfrenta al desafío de pensar el futuro, y descubrir con qué remedios se pueden eliminar los efectos anticompetitivos que los acuerdos están generando, restablecer las condiciones competitivas del mercado y generar un efecto disuasivo en los agentes.
El juez debe hacer un análisis de ciencia ficción, a pesar de que lo que está en juego en bastante real.
La tarea del juez Mehta es ardua. Pensemos por ejemplo en una solución que parece bien evidente: ordenar que se rescindan los acuerdos de Google y establecer la prohibición de celebrarlos en el futuro. Establecer esta medida constituye una apuesta de que los consumidores reaccionarán de una determinada manera; que si se les da la elección, menos de ellos utilizaran el motor de Google. Pero no está tan claro que esto vaya a ocurrir.
Una medida similar ya ha sido puesta en práctica en otra parte del mundo. El 2018 la Comisión Europea sancionó a Google por forzar a los fabricantes de teléfonos a preinstalar Google Search y Chrome como condición para acceder a la Play Store, ordenándole ofrecer a los consumidores la opción de elegir su motor de búsqueda predeterminado en dispositivos Android, además de una multa de 4.3 mil millones de euros. Sin embargo, los resultados de un estudio del año 2021 sugieren que la implementación de la medida no ha estimulado la competencia[2]. Además, se debe considerar que tal medida beneficiaría a Google a corto plazo, ahorrándole el dinero que paga por ser la opción predeterminada, sin necesariamente perder su posición dominante. En este escenario, Apple sería el perdedor más inmediato.
El tribunal también se enfrenta a la modesta tarea de anticiparse a la forma en que la IA irrumpirá en el mercado en que incidieron las conductas de Google. Tim Wu señaló que los remedios en este caso deben asegurar que una nueva generación de empresas pueda competir de manera justa, no solo en el mercado de búsquedas en particular, sino que en nuevos mercados, especialmente los de servicios tecnológicos relacionados con IA[3]. El DOJ presentó al tribunal un marco de propuesta de remedios, en el cual identificó como una complicación adicional a la decisión del juez Mehta, el que la IA probablemente adquiera relevancia en el desarrollo y transformación continua de la industria de los motores de búsqueda. A partir de esa observación, se le indicó al tribunal lo siguiente:
“It is, therefore, critical that any remedy carefully consider both past, present, and emerging market realities to ensure that robust competition, not Google’s past monopolization, will govern the evolution of general search and text advertising”[4].
A la dificultad de la tarea, se le suma el peso de las consecuencias que podrían seguir del error. El mismo día en que el DOJ presentó su propuesta de marco de remedios, Google utilizó su motor de búsqueda para difundir su opinión, tildando las propuestas de radicales y dramáticas, y poseedoras del potencial de afectar a los consumidores, las empresas y la innovación en Estados Unidos[5]. Sorpresivamente, al ingresar la buscada “DOJ framework” en Google, el primer resultado es la referida opinión de la empresa.
Como bien señala Asimov, el progreso de la ciencia y tecnología es acumulativo, cada avance impulsa otro más veloz[6]. Si a partir de la Revolución Industrial el ser humano comenzó a ser testigo de cambios lo suficientemente grandes para ser identificados en el lapso de una vida individual, hoy parece haber un descubrimiento radical nuevo en cada cumpleaños. Así, la ciencia ficción se ha vuelto un ejercicio obligado en la toma de las decisiones de relevancia, y el ámbito de la libre competencia y la emergencia de nuevos desafíos en los mercados digitales es muestra palpable de ello. La ciencia ficción se ha transformado en algo crucial para nuestra salvación, o mal empleada, el camino para nuestra destrucción.
[1] Según la sentencia, al 2020 Google procesaba alrededor del 90% de las consultas de búsqueda en Estados Unidos, y el 95% de las búsquedas en dispositivos móviles.
[2] https://searchengineland.com/googles-search-choice-screen-had-virtually-no-effect-on-search-market-share-perhaps-by-design-346167 (22/10/24).
[3]https://www.nytimes.com/2024/08/13/opinion/google-antitrust-remedy.html?unlocked_article_code=1.Ck4.V9IP.T2sYWM0By_Ch&smid=nytcore-ios-share&referringSource=articleShare (22/10/24).
[4] https://www.documentcloud.org/documents/25196894-doj-filing-re-google-antitrust-remedies (22/10/24).
[5] https://blog.google/outreach-initiatives/public-policy/doj-search-remedies-framework/ (22/10/24).
[6] Isaac Asimov (1981) Sobre la Ciencia Ficción. Prologo I.