¿Un gobierno promiscuo?

¿Un gobierno promiscuo?

Por Álvaro Ortúzar / La Tercera

El Presidente ha sido denunciado por un especial tipo de delito sexual contra su excompañera de práctica en Magallanes. Fue ingresada al Ministerio Público por la presunta ví­ctima en carácter de reservada. Es de presumir entonces que su intención no serí­a la de aprovecharse de ella por medio de la publicidad. Sin embargo, vulnerando la decisión de conceder la reserva por parte de la Fiscalí­a que investiga la denuncia, el gobierno, en primer lugar, obtuvo una copia de forma dudosa, y luego, premunido del documento, tuvo tiempo de preparar una estrategia destinada a anticipar cualquier hallazgo de la prensa y utilizar la inmensa capacidad comunicacional y recursos del Estado para transformar a la ví­ctima en victimaria. Las «vocerí­as» oficiales -o más bien la defensa del Presidente- ha sido desarrollada desde La Moneda.


Lo especial en este caso es que, con una sola voz, diversos ministros han coincidido en atribuir la decisión de hacer pública la denuncia y los correos electrónicos intercambiados entre la afectada y el Presidente a una recomendación de su abogado personal. Este, en una conferencia de prensa, acusó al fiscal a cargo de la investigación de no haber actuado con suficiente celeridad, lo que lo llevó a pesquisar los antecedentes. Diversos especialistas han señalado que haberse hecho de una denuncia reservada contraviene lo decidido por el fiscal y no procede estando la investigación y varias diligencias pendientes. Al menos así­ opera para el resto de las personas.


No tengo recuerdos de que un abogado, menos en medio de un escándalo eminentemente polí­tico como la mezcla de este caso con el del exsubsecretario Monsalve, o por la gravedad que esta denuncia tiene en sí­ misma, detentara la autoridad para imponer sus decisiones al Presidente, sus asesores y ministros, incluido el Ministerio de la Mujer. Esto simplemente no es verosí­mil. El gobierno ha elaborado un diseño judicial y comunicacional basado la descalificación y hostigamiento públicos de la denunciante, a quien se expone desde todas las aristas posibles como una mujer perturbada. Las encargadas de esta parte de la trama son mujeres poderosas y campeonas del feminismo. Ellas han hecho causa común con el Presidente imputado y han calificado la denuncia, a priori y sin investigación, como sin sustento o credibilidad. En buenas cuentas, los asesores concluyen, como si fueran un tribunal, que la denuncia es falsa y que el Presidente ha sido acosado por una desequilibrada y así­ lo debe entender el paí­s. Por lo demás, otro poderoso caballero, el diputado Gonzalo Winter, expresó su solidaridad con el denunciado aportando que él habí­a sido ví­ctima no de uno, sino de varios acosos sexuales. No está claro si quiere decir que en Chile abundan mujeres desquiciadas o busca dejar pasado un recado. En cualquier caso, lo que está ocurriendo es deplorable y corresponde a lo que los diccionarios de la lengua definen como promiscuidad.

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